Escrito por nuestros alumnosEsta madrugada, 14 de marzo, aniversario del nacimiento de mi reverenciado Einstein, navegando por Internet y cuando me congratulaba de no haber sufrido virus informáticos de ayer, viernes y trece, de pronto leí la noticia en la web de la Nasa y lo confirmé en la de CNN. El día 22 de octubre del año 2028, a la 13:30 (hora de California), el 1997 XF11 - meteorito de dos kilómetros de diámetro - se cruzará con la trayectoria terrestre.
Por efecto del choque con la masa de materia extraterrestre, el cielo se oscurecerá, y, poco más tarde, como los dinosaurios, la Humanidad se extinguirá a causa de los cambios climáticos. El fin del mundo está programado.
Amele Allika (16 años).
Estoy pensando en mis prioridades para un futuro próximo... y único. La misma palabra -futuro- ha cambiado de significado: Futuro es lo que resta. Quizás siempre ha sido así. El futuro tiene fin. Toda la monotonía vital, sólo interrumpida por las pequeñas diversiones..., se ha convertido en un instante en parte del pasado.
¡Cuántos deseos que no realizaré por falta de tiempo! Promesas como la de llamar a mi primer hijo Pedro, en honor a mi padre. Comprendo, fatal perspicacia, que yo he sido la última en heredar el apellido familiar. Lo que más siento es que mi vocación de historiadora se ha truncado, porque... ya nunca jamás habrá historia.
Leire Solís (15 años).
¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Qué tendrá importancia? ¿Los amigos, el amor o el dinero? ¿Acaso es justo que un insensato meteorito, termine con nuestras vidas? Sólo ahora recupero la lucidez: la absurda violencia, las muertes adelantadas de tantos inocentes, ¿para qué? Esta sociedad consumista y obtusa, que sólo se preocupa por ganar dinero, ¿cambiará ahora?
En esta crisis, yo necesito correr, chillar, llorar; pero no puedo. La desesperación se apodera de mí poco a poco, estoy paralizada y no me puedo mover. Soy un alma obligada a madurar, encerrada en un cuerpo de quince años.
Iratxe Peña (14 años).
Todo mi antiguo mundo interior, mis ideales más íntimos se han difuminado, mi mundo interior naufraga. La raza humana está condenada a extinguirse como los dinosaurios y sin garantía de que Steven Spielberg nos resucite. Este no es el relato radiofónico de Orson Welles, ahora no hay adónde huir. Vivimos en un planeta desahuciado, al que sólo le restan unos años de agonía. Somos la última generación humana que poblará este planeta.
En este inmenso TITANIC planetario, no hay botes salvavidas. El viejo planeta camina hacia su extinción y sólo puedo evocar el lema latino de "El club de los poetas muertos": Carpe Diem (vive el momento). Mi escala de valores se ha transmutado: Sólo VIVIRÉ para lo transcendente; lo fútil ya no existe para mí.
Yoana Bilbao (12 años).
Verónica van Horenbeker (12 años).
Tengo mucho miedo. He oído que vamos a morir todos. A partir de ahora, voy a dormir con mi madre. No quiero morir sola. Ya no quiero unos patines nuevos. No voy a tener tiempo para practicar y llegar a ser una auténtica patinadora. El final está próximo. No podemos ir en cohete a Marte. Aunque tuviéramos que dejar todo aquí. Yo no sería capaz de dejar mis cosas preferidas, pero con tal de sobrevivir...
Ya no me importan las notas del colegio. Escribiré un diario, para librarme de mi temor. Será mi botella de náufrago lanzada al océano sideral. De todos modos, eso no es suficiente. Huir nunca es suficiente.
Leire Agirregabiria (14 años).
Ese asteroide, esa pequeña luna... Las ideas se agolpan en mi mente. Comprendo cómo malgastamos el tiempo. Nimiedades, todo el día, ¿toda la vida? Maldigo los momentos de tristeza o melancolía. En el fondo, siempre hemos sabido que el final está cerca.
Debo actuar, consolar a los demás. A mi hermano Aitor, le daré otra perspectiva. Debo pensar en los demás. Necesito la serenidad para dedicar la vida a los míos y a quienes me rodean. Pido perdón, más que porque me haya portado mal, por lo estúpida y ridícula que inadvertidamente he llegado a ser. Me arrepiento de haber criticado y de no haber estado con quienes me necesitaban. De ahora en adelante viviré como nunca lo había hecho. Me gustaría gritar hasta enmudecer, pero eso sería inútil. No aguanto más, sola con mi dolor. Marco teléfonos que mi memoria retiene, sin saber a quién llamo. Todos están traumatizados, pero quedamos en la plaza. Nos pondremos de acuerdo y trabajaremos. La acción no se puede detener; la vida, no se puede retrasar...
Documentalistas: Dorleta Diego e Izaskun Kortabitarte.