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Todas las familias disponen de una
memoria histórica de anécdotas que periódicamente se recuerdan, y que merecen
ser compartidas. Nosotros educamos a nuestros hijos en el aprecio a tres
culturas: Sus regalos navideños aparecían el 24 y 31 de diciembre, y el 6 de
enero, si habían escrito sus cartas en euskera, inglés y castellano
respectivamente. Nunca olvidaremos el día que nuestro hijo pequeño, Aitor, vino
del colegio con la tristeza del fatal descubrimiento de quiénes son los Reyes
Magos. Tras su decepción estuvo extrañamente cabizbajo durante la cena, y
después de un buen rato pensativo nos preguntó: "Si vosotros, los padres, sois
el Olentzero, Papá Noel, los Reyes Magos y el ratoncito Pérez, entonces...
¿también sois Dios?" Esta visión infantil de los padres como dioses es
imposible que la mantengan durante la adolescencia.
En otra ocasión, observando a
nuestra hija Leire un poco aburrida viendo ensimismada la televisión, me puse a
jugar con ella y a voltearla como en un columpio, como frecuentemente hacíamos.
Nos estábamos riendo a carcajadas, cuando de repente me pidió que parase para
bajar del "caballito" (que era yo). Se plantó delante de mi cara, me miró
fijamente y muy seria me dijo: "Aita, cuando yo sea mayor, ¿con quién jugarás
tú?". Y luego concluyó condescendientemente: “No te preocupes, aita, yo siempre
jugaré contigo cuando quieras”. Esta preocupación por los demás demuestra su
inteligencia y que saben ponerse en el lugar del otro.
La infancia es esa
fascinante etapa vital, inolvidable, que se caracteriza por tres maravillosas
capacidades, que hay quienes saben mantener durante toda la vida: 1º Los niños
siempre están alegres, sin motivo especial alguno. 2º Los niños están activos
infatigablemente, y quizá ésa sea la clave de la primera cualidad. 3º Los niños
constantemente están insatisfechos, sin renunciar a sus objetivos y aspirando a
más (según obtienen el triciclo ya quieren la bici,..). Se ha dicho que “los
viejos niños nunca mueren, simplemente se adulteran”, pero tal vez sea más
exacta la apreciación de Simone de Beauvoir, quien creía que “un adulto no es
sino un niño inflado por la edad. Quizá nos convendría importar tradiciones
como las de Japón que celebra un Día de los Niños (5 de mayo), un Día de los
Adultos para quienes cumplen 20 años (15 de Febrero) y un Día del Respeto a los
Mayores (15 de septiembre).
Una
propuesta final, para evitar que se confirme la cínica conjetura de que la
educación es un proceso crecientemente complejo y costoso para que la autonomía
de las personas se… retrase: El adelanto del voto a los 16 años, edad de
efectos penales, y quizás más adelante hasta los 14 años. Reconocería los
plenos derechos civiles de los niños, como ciudadanos de primera clase, y
contribuiría a la mejora de su madurez, preguntándose más tempranamente sobre
temas sociales. De su precocidad caben pocas dudas, y es de reconocimiento
universal que los niños y los jóvenes de la actualidad están mejor preparados
que nunca. Además, esta medida obligaría a los políticos a proponer planes como
los niños exigen: a la altura de la desbocada imaginación infantil que desea la
paz y la felicidad para todos nosotros.
Mikel Agirregabiria.
Getxo
Publicado también en Piensa un Poco (3-7-2003 como "Los viejos niños nunca mueren"), Revista Hasten (Septiembre 2003),...
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