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¡Nostra culpa!
Muchos somos los que pertenecemos al inmenso “club de los pacifistas”,
incluidos algunos que por edad y origen, fuimos sabiamente formados
en pro
de la defensa del débil, sabiendo que la
calidad humana siempre reside en colocarse solidariamente en “el lugar del
perseguido”. Nos impactó
cómo
transcodificó Buñuel una pésima novela de Pérez Galdós, en la película de “Tristana”,
que comienza con una escena en la que el hidalgo venido a menos, don Lope, se
jacta de “defender al débil” ante su, entonces, sobrina y pupila, engañando a
la policía al indicarles erróneamente por dónde ha huido un mozalbete
ladronzuelo. Quizá nunca fuimos tan quijotes como para “salir a vagar
por los caminos del mundo en busca de aventuras para enderezar entuertos y
emprender una cruzada para defender al débil y al desvalido”, pero sí creímos
que eran bienaventurados los acorralados, y más aún los amenazados
injustamente.
En
el crepúsculo del terrorismo, en nuestra Euskadi, todos conocemos casos de
inocentes hostigados. Recuerdo ahora dos casos cercanos: Docentes, mujeres, una
directora de un colegio público, modelo y referencia de la educación vasca,
otra especialista en innovación educativa, con unas trayectorias personales y
profesionales encomiables, que por el mero hecho, completamente honorable, de
presentarse como concejala o miembro de una ejecutiva política, son
coaccionadas y viven la zozobra cotidiana del acoso.
Ante todos los
que sufren estoicamente esta maldición debemos entonar el “mea culpa” por no
habernos rebelado antes y habernos plantado todos nuestra amarilla “estrella de
David”, que diga “también yo soy judío”. Nunca es tarde para manifestar:
1º Nuestra
solidaridad fraternal con todos los intimidados, y nuestro apoyo incondicional,
así como señalar que si este amparo ha podido no ser demasiado explícito es por
pura vergüenza de parecer excesivamente obsequiosos, y de ayudar a restar
importancia a la trágica circunstancia de convivir en esas condiciones.
2º Nuestra
enérgica denuncia por esta flagrante violación de los derechos humanos de todos
los perseguidos.
Todos debemos defender el cumplimiento de todos los derechos humanos, para
todas las personas, sin excepciones.
3º Nuestra
condena del inmenso latrocinio que causa este necesario y costosísimo
despliegue de escoltas (entre 3.500 y 5.500, según las diversas fuentes), junto
al incalculable estrago ético, moral, educativo, social y económico del
siniestro e irracional terrorismo.
4º Nuestra
adhesión a esa cita de
Kofi
Annan, que recuerda frecuentemente el Lehendakari Ibarretxe, y que sentencia
que "se puede amar y defender lo que se es, sin odiar lo que no se es".
5º
Nuestra felicitación, una vez más, a
Gesto por la Paz por toda su labor histórica, a la que se añade esta última y
acertada campaña de sensibilización de la ciudadanía “Contra la violencia de
persecución”.
Desde
el 25 de junio de 1998, cuando mataron al concejal Manuel Zamarreño, hasta el
21 de enero de 2000, cuando fue asesinado en Madrid el militar Pedro Antonio
Blanco, vivimos un periodo de paz. Queremos la paz definitiva, indefinida y
para todos. Necesitamos esa paz, merecemos esa paz,… y la obtendremos por
persuasión. Pronto será así, seguro.
Mientras nos queda… la esperanza y la educación. Quizá previamente a enseñar
los legítimos patriotismos, debamos instruir sobre una identidad futura común
de todos como seres humanos, como pacifistas y como “PAZiotas”, antes que como
patriotas de allá o de aquí.
Mikel Agirregabiria Agirre
Miembro de "Irakasten Elkartea".
También publicado en El Correo (21-04-03), Diario de Noticias (22-04-03),...
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