|
Equitativa felicidad
Por: Mikel
Agirregabiria Agirre www.mikelagirregabiria.tk
- 1/12/2003
Vivimos una pandemia
contemporánea de desencanto que llena las salas de espera de los psiquiatras
con personas insatisfechas, deprimidas o angustiadas. Parecemos condenados,
porque confundimos la felicidad con el espejismo del placer o la posesión de
bienes externos. En pos de esa meta final, muchos recurren a “atajos” como las
drogas o la acumulación de dinero. Pero la felicidad es un camino que sólo
descansa sobre la verdad.
Existen
muchas teorías sobre qué es la felicidad, y quizá aún más sobre cómo
conseguirla, porque no es
la
felicidad sino la desgracia quien obliga a filosofar.
Elaborar nuevas hipótesis resulta fácil y cada persona cuenta con su versión
particular de lo que significa ser feliz. Por mi parte, hace años que mantengo
una firme creencia, simple, consoladora y tranquilizadora: Todos somos igual de
dichosos, o expresado de otra forma, la felicidad es el bien mejor repartido
del mundo, porque está equitativamente distribuido.
Esta suposición inicialmente resulta difícil de creer, porque la
felicidad
parece un privilegio reservado a
determinadas personas que parecen tenerlo todo: dinero, éxito, salud, familia,
amor, fama,… mientras existen pobres de solemnidad, enfermos, solos y
abandonados. Incluso parece haber sociedades enteras que chapotean en la
prosperidad, mientras otros pueblos son aniquilados por el hambre, las plagas y
el olvido.
Seguramente cualquier teoría sobre el reparto del bienestar debe partir de una
definición plausible de qué es la felicidad.
No existe expresión que tenga más acepciones: cada uno la interpreta a su
manera, y dicen que valemos lo que vale nuestro concepto de bienestar.
La felicidad parece venir acompañada del
triunfo personal y social y de la ausencia de problemas, pero no es una suma de
factores tan objetivos. A veces, con todo a favor sentimos la tristeza y en
otras ocasiones, en medio del dolor y de las dificultades, percibimos la
alegría. Y es que la felicidad
es una función interior, un mecanismo implantado que aporta optimismo aun en
circunstancias desfavorables. “¿Por
qué buscáis la felicidad, oh, mortales, fuera de vosotros mismos?”, señaló
Boecio.
Los autores clásicos apuntan hacia una felicidad episódica. Frost creía que “la
felicidad es más intensa cuanto menos extensa”;
Dostoievski que “la ley de la tierra es que el hombre debe ganar su felicidad
mediante el sufrimiento” y Shaw que
“ningún ser viviente podría soportar una vida entera de felicidad”. También los
proverbios abundan en la idea de felicidad y desgracia discontinuas: “Felicidad
de hoy, dolor de mañana”; o “cuando se es feliz es cuando hay que tener más
miedo; nada amenaza tanto como la felicidad”. Parece que el ser humano se
compensa con una función intermitente que adormece o aviva la sensación de
felicidad según la situación sea halagüeña o desventurada. Este concepto de
felicidad equitativa no pretende ser paralizante, sino estimulante de una
existencia activa que no se malgasta en ilusorias envidias y que se dedica a la
solidaridad y la ayuda hacia todos los demás.
El corazón humano conoce en
este mundo solamente una felicidad: amar y ser amado. El amor es encontrar en
la felicidad de otro, la propia felicidad. Del mismo modo que produciendo
riqueza nos ganamos el derecho a consumirla, sólo disfrutaremos la felicidad
cuando la procuremos a los demás. Cuántas vidas se desperdician rebuscando una
felicidad que ya se tiene, pero que no se ve. La felicidad verdadera consiste
en amar lo que tenemos, no las cosas sino las personas con las que convivimos,
sin apenarse buscando absurdas quimeras que creemos que nos faltan. El secreto
de la felicidad reside en el infinito e inagotable amar.
Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo (Bizkaia)
http://www.mikelagirregabiria.tk
|