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Según datos oficiales de la última Memoria del
Juego, entre loterías, quinielas, casinos y máquinas, excluyendo algunas
modalidades como hipódromos, en el Estado se han jugado 25.854 millones de
euros (4,30 billones de las antiguas pesetas) durante 2002. El gasto real de
los jugadores, lo NO recuperado en premios, asciende a 8.335 millones de euros
(1,39 billones de pesetas), el 32,24% de lo jugado y que supone los ingresos de
los administradores de los juegos.
De lo que se juega y no se recupera en premios,
que además se redistribuyen pésimamente en unos pocos ganadores, cada persona
en promedio pierde 202,74 € (37.788 pesetas) al año. Esta cantidad se
distribuye fundamentalmente en máquinas, lotería nacional (ahora vienen los
atracos de la navidad y el niño), bingos, primitiva, casinos, bono-loto y
quinielas. Sólo en loterías y apuestas del Estado, lo jugado al año en promedio
asciende a 245 € (45.665 pesetas) por cada madrileño, 239 € (44.546 pesetas)
por cada valenciano, 216 € (40.259 pesetas) por cada vasco,... que son quienes
más dilapidan en juegos de azar, donde el gestor se queda directamente con el
36.37% del importe (reservándose el 30% en la Lotería Nacional y el 45% de
primitivas, bono-loto y quinielas), promedio superior al de casinos (23.52%),
máquinas B (25%) o bingo (35.58%), pero inferior al de la ONCE (52%).
Estas escandalosas cifras descubren una
extendida y arraigada adicción al juego, que además se alienta
desvergonzadamente desde los poderes públicos. Una familia media de cuatro
miembros “pierde” (descontando los premios que unos pocos ganan) más de 808 €
(151.000 peses) al año. Además la gravedad de este infortunio se agrava por el
hecho de que quienes más despilfarran son quienes disponen de menos recursos y
de menor cultura para comprender de las loterías son una ruina cierta. El juego
además provoca un efecto paralizante, porque muchos jugadores y sus desoladas
familias dejan pasar su vida a la espera del próximo sorteo, sin dedicarse a
mejorar su formación o su trabajo, que son los únicos cauces firmes para el
progreso personal y familiar.
La lotería es un impuesto a la estulticia y a la
idiotez, que se ceba en los más desvalidos. Se aprovecha de la desesperación de
la pobre gente, reduciendo su única esperanza a que les “toque” un premio.
Explotan la ignorancia y la superstición de los más débiles, induciéndoles a
desperdiciar su contado dinero en una apuesta segura: PERDER EN LA LOTERÍA. El
refranero popular abunda en certeros dichos: “El que juega a la lotería, se
arruina cada día” o “Trabajo y economía son la mejor lotería”. Jugar sólo trae
suerte para la desgracia. Cada uno es artífice de su propia suerte: Cuanto más
trabajemos, más suerte tendremos.
Existe un método infalible para ganar en la
lotería, cada día, en cada sorteo y con una ganancia del 100%: No jugar, y
guardar el dinero sobrante en una hucha, como dijo con más gracejo un personaje
de Arniches. El gusanillo del juego se puede disfrutar exactamente igual,
imaginando que jugamos al número 12345, o en la loto al 1, 2, 3, 4, 5, 6, que
son tan probables como el número que pudimos comprar. Cuando veamos el
resultado en televisión, comprobaremos que hemos ganado por no jugar. Quienes
llevamos cuarenta años “jugando” así, sin habernos tocado nunca, hemos
conseguido mucho dinero, tiempo y felicidad. Recordemos: La solución consiste
en un “juego imaginario” y una hucha real, cuyo mejor destino es la educación
propia o la de nuestros hijos.
Artículo original del
24-10-2003. También publicado en
IblNews (24-10-2003 con
comentarios),
Estrella
Digital (25-10-2003), AttacMadrid (25-10-2003), Ávila Red (27-10-2003), InforNorte
Digital (27-10-2003), Noticias de Salamanca (27-10-2003), Gara (28-10-2003), Andemar Catalunya (28-10-2003), Carta-Traca Nº5 (Sección propia en Galicia Información 29-10-2003), Diario de Navarra (1-11-2003), El Torrenti (4-11-2003), Ávila Digital (13-11-2003), CyberEuskadi (Columna diaria, 28-11-2003), ...
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