Todos tenemos en mente cuál es el perfil óptimo de una persona dedicada a la política. Si lo escribimos en un papel, comprobaremos con sorpresa que pocos de nuestros candidatos lo cumplen estrictamente. Hay muchas cualidades, pero podrían reseñarse siete esenciales:
1º Contrario al esquema de Líder + Redil. Un político debiera sentirse como alguien que dedica una parte de su vida al servicio público, a resolver los problemas de una comunidad. Nunca debe creerse alguien superior, cuya soberbia visión debe ser comunicada o impuesta a su pueblo. Debe recordar en todo momento su condición de servidor, no de mandatario. Sólo se puede
gobernar a la ciudadanía, sirviéndola.
2º Impulsor de equipos y organizaciones. Un político contemporáneo debe
reconocer que la diversidad de los problemas actuales requiere soluciones
complejas que movilicen a toda la ciudadanía, articulando actuaciones con
grupos numerosos y plurales, instituciones diversas y todos los recursos
sociales existentes.
3º
Equilibrado y ecuánime, incluso en las opciones dentro de su partido,
entendiendo la política como un caballo: peligroso en sus extremos e incómodo
en el centro. Un político perfecto sabe que su función es como la mano que
mece la cuna, el profesorado que despierta o el progenitor que prudentemente
vela por su familia.
Debe ser realista, es decir, un optimista con experiencia.
4º Con dedicación a la política limitada en su vida. Ojalá reconociésemos la
profesión previa en nuestros políticos, distinguiendo al médico, al profesor,
al economista que hay antes de entrar en política, con una dedicación a la
que volverán pasados sus años de servicio político. El político perfecto es
un amateur, dotado de profesión, familia y militancia, a quien llega la hora
de pasar a primer plano por un período. No debiera ser alguien demasiado
joven, ni alguien que ha vivido siempre en y de la política. Debe disponer de
una vuelta a su vida anterior. La política sólo puede entenderse como la
continuación del servicio prestado desde una carrera,... por otros medios de
mayor alcance social.
5º
Sincero y coherente. El arte de servir a los demás solucionando los problemas
públicos sólo puede ejercerse sin mentir nunca al electorado,
aunque no
siempre se pueda decir toda la verdad. Un
político,
a diferencia de lo que abunda es justamente lo contrario de Zelig, el hombre
camaleón que adoptaba el aspecto físico de sus interlocutores.
6º Un
político nunca es suficientemente sobrio, porque la moderación, la
frugalidad, la sensatez debe aflorar diariamente, en cada acto, en cada
declaración. Un político perfecto es un deportista modelo de fair play,
que sabe perder y sabe ganar (a menudo, lo más difícil de gestionar). El
político perfecto debe ser amante de la humildad: Ibarretxe, ante el lujoso
despacho de una naciente compañía pública cuando era vicelehendakari, dijo
que aquello era el mejor ejemplo de lo que… no debía hacerse nunca con el
dinero de todos.
7º Con
mentalidad de puente y no de muro, sin miedo a la Paz, que no necesite
enemigos, que como estadista piensa en la próxima generación, y no en la
inmediata cita electoral.
Es nutrido el "cajón desastre" de políticos, con larguísima duración en cargos,
sin incompatibilidades, que destiñen en el primer lavado. También abundan los
trepas, los tránsfugas,… También los que buscan un retiro en Iberdrola (como
Aznar). Incluso los que ejercen de pseudo-políticos desde la presidencia de
la patronal o del episcopado, desde la magistratura o desde los periódicos o
los que opinan de Euskadi desde Extremadura. Pero lo que necesitamos es un
liderazgo político propio del siglo XXI, con mujeres y hombres que sepan
trabajar con equipos propios y pactar con los adversarios políticos para la
resolución de las necesidades reales. Políticos que pretendan convencer y
ganar votos, remediando desgracias y no buscándose nuevos enemigos.
Necesitamos salir de este “camarote de los hermanos Marx” en que han
convertido la política de enfrentamientos surrealistas, con nuevas gentes que
vivan como si fueran a morir mañana, y que se dediquen a la política como
tras un máximo de ocho años hayan de volver a su quehacer habitual.
¡Arrepentíos, políticos profesionales! Lo mejor que nos puede pasar como
sociedad cruasán que somos es que encontremos a esos hombres que fueron
jueves, que se revelen y se rebelen, en
serio y en
serie
con una democrática ‘revolución de terciopelo’,
que entiendan que la política es mucho más que echar la
culpa a los demás. Que solventen problemas y no nos den la tabarra como
aquella abuela tarareando la misma canción de cuna, hasta que el nieto le
pidió: “Nana, ¿no podrías seguir cantando fuera?, es que quisiera dormir”.
Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo (Bizkaia) Artículo original (17-12-2003). También publicado en
Sr. Director (17-12-2003), Kaos en la Red (17-12-2003), IzaroNews (Foros 17-12-2003), Uribe
Kosta Digitala (17-12-2003), CyberEuskadi (Columna diaria, 17-12-2003), Estrella
Digital (18-12-2003), Rebelión (19-12-2003), La Fogata (19-12-2003), InfoNorte Digital (Canarias, 21-12-2003), Ávila Digital (25-12-2003), Noticias de Salamanca (31-12-2003), Carta-Traca nº 42 (Sección propia en Galicia Información 9-1-2004), Autores Católicos (10-1-2004),...
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