Recientemente el primer periódico de distribución mundial,
The International Herald Tribune,
propiedad desde enero de 2003 del
New York Times, decidió no volver a publicar más
anuncios sobre prostitución, también denominados
eufemísticamente “scort services” o servicios de
acompañamiento. La razón declarada es que este tipo de
publicidad "no encaja con los estándares y valores de la
compañía", según Richard Wooldridge, presidente y consejero
delegado de este periódico internacional con sede en París y
difundido diariamente en 185 países.
En el Estado español, la prensa más “formal” dedica el 60%
de sus anuncios clasificados a la publicidad de “relax”, que
son las
páginas más
rentables económicamente.
Los porcentajes y el número de anuncios diarios de
prostitución fluctúan, pero da muestra de su importancia los
siguientes datos según un reciente estudio realizado en
Noviembre de 2003: El Mundo, 86% de anuncios de "contactos"
(804 de un total de 928); El Periódico de Cataluña, 77% (649
de 838); El País, 73% (769 de 1040); La Vanguardia 38% (500
anuncios), ABC 36% (400) o La Razón 30% (250).
Marjorie Scardino, directiva de uno de los grupos más
poderosos del mundo, el Grupo Pearson, editor del Financial
Times y The Economist dos de los medios impresos más
influyentes del mundo, se asombra que España sea el único
país europeo donde la prensa de calidad publique anuncios de
prostitución y obtenga de ello pingües beneficios.
La publicidad para la “comercialización del sexo”
resulta tan sumamente lucrativa para los periódicos que
difícilmente renunciarán a ella voluntariamente, a pesar de
la deformación que puede producir sobre la sexualidad humana
de lectores jóvenes que reciben esta visión ciudadana
supuestamente normalizada por la publicación en los mejores
rotativos. La procacidad y el manifiesto impudor son
habituales, con imágenes explícitas que no superarían ningún
estándar de calidad, ni ético ni estético. Incluso, los
modos menos vulgares con engañosos
"pisos de alquiler con inquilinos", "buzón de amigos",
"técnicas de relax" o "masajistas" obligan a los diarios a
distinguir entre falsos y verdaderos “profesionales del
masaje” o “buzones de amistad”. En estas obscenas páginas impresas la capacidad de amar de las
personas parece quedar reducida a la compraventa de
servicios a profesionales del sexo.
La
prostitución en España es un negocio que supera los 2
billones de pesetas. Se estima que más de 300.000
prostitutas y “prostitutos” trabajan en las calles o en
alguno de los mil burdeles que se tienen contabilizados.
Aparte del atentado que supone a la dignidad de mujeres y de
hombres, ¿no debería prohibirse esta publicidad por promover
indirectamente la corrupción de menores?
Somos lo que comemos, dicen, pero también somos lo que
leemos.
“El oficio más antiguo del mundo” se dice de la
prostitución, pero algunos creemos que es anterior
el de Celestina o alcahuete, la peor forma de
vendedor. De hecho, prostituirse es venderse a sí mismo, o
quizá fuese más exacto decir malvenderse y a plazos. Y la
prensa está ejercitando el innoble oficio de anunciar y
vender prostitución.
Preferimos no entrar en el debate de la existencia de la
prostitución, inevitable o circunstancial, de su
clandestinidad y de la explotación humana, si bien
manifestamos nuestro respeto hacia los seres humanos
convertidos en “trabajadores
sexuales”, que seguramente aceptaron este “oficio” por falta
de mejores opciones. Así mismo rechazamos la
censura en la libertad de expresión escrita.
Todo lo cual, no obsta para que solicitemos a los
responsables de los periódicos de nuestra preferencia que
desaparezcan estas secciones de prostitución de las
ediciones diarias, repercutiendo su coste en el precio
de cada ejemplar, a fin de que la prensa sea accesible a
lectores menores de edad. En caso contrario, deberán señalar
en portada que dicho ejemplar está destinado solamente a
adultos, y como lectores nos reservaremos el derecho de
renunciar a su compra.