Quejoso presidente
Mikel Agirregabiria Agirre
Aznar,
si cumple su reiterada promesa, se irá de la política después de
gobernar ocho años con el permanente tic de proceder como en la
oposición: criticar en lugar de responsabilizarse. Cada vez que no
está a la altura de las circunstancias, la culpa es… de los demás.
Siempre rebusca incumplidores ajenos: la misma oposición, Rodríguez
Zapatero, Llamazares, la OTAN, la ONU, los elementos meteorológicos,
la suerte,… y, el cabeza de turco por excelencia: Euskadi y todo lo
vasco, Lehendakari, Gobierno, Parlamento, ETB o la prensa en
euskera, la Ertzaintza, la Iglesia vasca, la Universidad del País
Vasco o las ikastolas, o la inmadurez de los votantes vascos.
Empieza a resultar enfermiza su búsqueda de una “cabeza de vasco”
como excusa perfecta para lo que sea y en donde sea.
Los últimos episodios han sido lamentables. La fatídica muerte de 62
militares se salda con que hubiese sido impopular gastar en un
transporte como es debido, o el asesinato de dos policías en Navarra
que se distrae con el inconexo sentir vergüenza porque en Vitoria-Gasteiz
los parlamentarios hagan únicamente tres minutos de duelo o no sepan
cómo pasar otros al grupo mixto.
Aznar no va bien: Le gusta jugar a todo lo que no es su rol
institucional. Quiere ser la oposición a la oposición, actuar como
estadista mundial y estratega belicista, mantener una familia cuasi
real, juzgar más que los tribunales, presentarse como concejal en
Bilbao y apoyar a la concejala de Madrid, dirigir todo el poder
económico y controlar toda la prensa, las radios y las televisiones.
Todo ello sin centrarse en su papel y asumir plenamente su deber
como presidente, recordando que un gobernante puede ser culpable por
negligencias cometidas 'in eligiendo' o 'in vigilando'. Por ejemplo,
¿por qué no se asegura de cómo se ejecuta el gasto militar y de cómo
se coordinan sus propias policías?
Artículo original (2-6-2003). También publicado en DEIA (4-6-2003), El Diario Vasco (5-6-2003), Estrella Digital (7-6-2003),...
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