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29 de junio.
La anterior
carta de Mikel Agirregabiria,
publicada en ese medio el 24 de junio y tan alejada de los buenos propósitos de la que lleva fecha del día 28
(cualquiera dudaría de que las hubiese redactado la misma persona), refleja
una nada despreciable abundancia de parcialidad y falta de rigor, sobre todo
en su primer párrafo.
En dicha carta anterior (¡qué lástima que no figuren las dos juntas, sería
un buen ejercicio periodístico!), además de dedicarse a la apología
descarada acerca de lo mucho y bien que funciona la bicefalia de su partido
(cuestión que no me molesto en comentar, ¡allá ellos!), Agirregabiria
destaca la apremiante necesidad de convocar el anunciado referéndum
Ibarretxe (que no decaiga el deseo de socavar la Constitución española y el
Estatuto vasco) y augura lo que él denomina, en un ejercicio de malabarismo
lingüístico muy propio del nacionalismo, el advenimiento del "lander vasco
interestatal" (léase la Euskalherria que comprende un cuarto de la Península
Ibérica y un tremendo bocado del hexágono francés).
La anterior y extensa carta de Agirregabiria, a la que me refiero en todo
momento, es una de esas colaboraciones que hay que leer sin dejar de rumiar
lentamente sus párrafos —a cada cual más indigesto— para no acabar
regurgitando las sandeces que nos ofrece el autor (todo un programa
político) y que uno evita tragar a lo largo y ancho del texto. Afirma
alegremente el Sr. Mikel (a partir de aquí eludo seguir escribiendo el
apellido para no desgastar el teclado, ya que aún no he pasado la revisión
de los primeros 10.000 kilómetros) que en Euskadi deben de protegerse de los
medios de comunicación "al servicio de los intereses más reaccionarios del
PP, muy alejados del sentir de la mayoría social vasca".
Añade, además, que en esos medios se insulta al indómito vasco (sic) y a las
instituciones, desde la Iglesia vasca al euskera (soy incapaz de entender
cómo se puede insultar a un idioma) y a la Universidad pública del País
Vasco. Luego cita "las estridencias de Otegi", "los lamentos jeremíacos de
Mayor Oreja" y la "doble actuación socialista según la orilla del Ebro".
Como podemos ver, en opinión del Sr. Mikel (el mismo que pide diálogo
playero de "barriga al aire") aquí no se salva nadie que no forme parte del
tripartito que gobierna en Euskadi, el cual no cesa de anuncianos, como el
remedio facilitado por un dios aspirina, la inminente "Propuesta para la
Convivencia", más conocida como el secesionista y anticonstitucional "Plan
Ibarretxe, sobre el que el Sr. Mikel ya declara abiertamente que "no colma
las aspiraciones abertzales del PNV".
Sobre el yo me pregunto si no querrán directamente: a) la independencia, b)
la expulsión del País Vasco de los no "abertzales" y c) una indemnización
anual aportada por España —además del monopolio para colocar sus
exportaciones tipo Grupo Fagor— a cuenta de los cientos de años que han
acogido a quienes pidieron libremente su adhesión a Castilla, así como a sus
descendientes.
No es difícil advertir que la anterior carta del Sr. Mikel se escribió con
un talante muy distinto, mientras que esta carta de ahora, más bien
blandita, parece que estuviese escrita con complejo de culpabilidad o, lo
que es más probable, exhibiera la clásica actitud nacionalista del palo y la
zanahoria, también conocida como pose "Gemma Nierga", aquella locutora que
en Barcelona, tras el asesinato de Ernest Lluc, no paraba de solicitar
diálogo con los asesinos.
En el fondo, la reclamación desaforada del todo para mí, seguida de la
solicitud de diálogo, forma parte de una actitud picaresca inevitable en el
nacionalismo: Primero te llamo "domesticador de la opinión pública" e
"insultador desbocado" y además te pido lo que quiero, dejándote claro que
si no me lo das eres un reaccionario (primera carta) y luego solicito
diálogo de playa con la barriga al aire (segunda carta). Pero, eso sí, el
resultado de tal diálogo no puede ser más que la consecución de mis fines.
Y volviendo al primer párrafo de la carta anterior, sería oportuno destacar
que el Sr. Mikel no nos ofrece datos de esos medios tan partidistas que él
cita, y mucho menos ejemplos de insultos o comentarios reaccionarios, sólo
se limita a denominar a tales medios como "las radios de gran audiencia en
España". Está claro que le escuece el hecho de que se aireen —nada menos que
en la radio, además de gran audiencia y encima española— lo que para
cualquiera que no sea partidista representan abusos o ilegalidades cometidos
por el poder en Euskadi.
Las emisiones de "las radios españolas", cuyos repetidores siempre han
corrido serio peligro (más de uno ha sido volado), al parecer constituyen
una gran ofensa para el buen nacionalista, ese nacionalista crédulo que
acoge con fervor —postrado de hinojos— cuantas manifestaciones antiespañolas
y anticonstitucionales se les ocurren a los directivos-programadores de
Euskal Telebista y sus cadenas de radio asociadas, donde se cuece el
"Cocidito Madrileño" de Javier Vizcaino (que el Sr. Mikel cita con horror) y
que no es más que un espacio semanal dentro del programa "Más que palabras",
que emite Radio Euskadi, y sirve de carnaza detonante (hay que alimentar a
la bestia nacionalista) para toda clase de respuestas injuriosas hacia lo
español y para mantener alto el espíritu del partido de Arana.
En el fondo, "Cocidito Madrileño", que el Sr. Mikel critica ingenuamente, es
una especie de estímulo a la kale borroka de salón o a la participación en
los foros de debate de Radio Euskadi (ver página web), foros de Internet
donde las intervenciones se cuentan por miles; eso sí, "moderadas" a
conveniencia del medio difusor. Así, pues, ya vemos que el PNV —uno de cuyos
entusiastas es el Sr. Mikel— no se contenta con el adoctrinamiento clásico:
ikastolas, TV, radio, etc., sino que también utiliza el ciberespacio para
mantener "prietas las filas", conforme a las directrices del "presidente del
EBB, quien detenta (sic) la máxima autoridad dentro del partido".
Finalmente, cuando el Sr. Mikel nos habla de que en Euskadi precisan
protegerse de los medios de comunicación al servicio del PP, se olvida de
recordarnos, sospecho que distraídamente, que una parte muy importante de la
sociedad vasca (incluyendo a más de un periodista) ha sido asesinada,
mutilada, secuestrada, extorsionada o amenazada por quienes se dicen
nacionalistas vascos. Y que la inmensa mayoría de los cargos o candidatos no
nacionalistas (excluido Elorza, por supuesto) también precisa protección
constante, solo que en este caso es contra el tiro en la nuca o el coche
modelo "Titadine", sólidos "argumentos" de aquellos (SA) a los que el
Parlamento autonómico (por desgracia en manos nacionalistas y de su
monaguillo EB) protege especialmente contra las resoluciones del Tribunal
Supremo.
¡Por Dios, qué desvergüenza de nacionalismo, mientras a ETA ("cierta
organización") sólo se le denomina turbadora (lo que equivale a pasarle la
mano por el lomo para que se calme lo justo) al enemigo se le reprocha que
se defienda levemente!
Pedro Espinosa García (28 de junio de 2003)
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Sr. Director:
Antes todo aprovecho la ocasión para agradecerle la frecuente inclusión de
mis “Cartas al Director” que periódicamente le remito confiando en su
difusión, aún siendo conocedor que probablemente no sean representativas de
la línea más popular de sus lectores, analizando la línea editorial de “El
Semanal Digital”. Sin embargo, la pluralidad de ideas que recoge, y su ágil
formato, me agradan especialmente y debo enviarle mi más cordial
felicitación al respecto. Las cartas que han sido comentadas, y que
seguidamente contrarreplicaré, han sido igualmente encaminadas y publicadas
en diarios que van desde el nacionalista vasco DEIA hasta EL PAÍS (en este
caso en edición de Euskadi), y están escritas desde la opinión puramente
personal, sin responsabilidad política alguna ni pasada, ni presente ni
futura, y redactadas en los mismo términos para los pocos pero variados
medios a los que dirijo mi correspondencia.
Por alusiones directas quisiera responder brevemente al artículo del Sr.
Pedro Espinosa García (de 28 de junio de 2003), titulado “En desacuerdo con
el Sr. Mikel Agirregabiria”, haciendo referencia a dos de mis anteriores
misivas de los pasado 24 y 20 del mismo mes. Ante todo, adelanto todo mi
exquisito respeto a sus legítimas opiniones, que nunca calificaré de
sandeces, y le agradezco incluso los “buenos propósitos” que siquiera
parcialmente me concede. Igualmente le ratifico que soy la misma persona, y
que mis opiniones –y las suyas seguramente- son subjetivas y parciales, como
ya sabía al menos yo, y que la falta de rigor nos la juzguen a ambos los
demás lectores.
También quisiera recalcar –aunque lo creía obvio- que escribo desde Euskadi,
como vasco y en un medio abierto, todo ello si se me permite hacerlo. Mi
perspectiva, por tanto, es lógicamente distinta y posiblemente mi punto de
vista pueda contribuir a enriquecer el criterio de muchos lectores españoles
que reciben múltiples informaciones del “tema vasco” casi siempre desde
“creadores de opinión” de otras latitudes, aunque sin duda interesados en el
País Vasco, pero insisto desde fuera del País Vasco. Con esto, y lo aclaro
con infinito cuidado, no quiero decir que sus estimaciones sean menos
acertadas, pero al menos también podremos opinar los vascos, ¿o no?
No sé si es “ejercicio de malabarismo lingüístico muy propio del
nacionalismo” (vasco se supone, porque el nacionalismo español nunca ha
debido existir en opinión de mi replicante corresponsal), “el advenimiento
del lander vasco interestatal", léase Euskalherria que comprende lo
que cultural y lingüísticamente es reconocido, hasta por la nada sospechosa
Enciclopedia Británica, como una zona geográfica con elementos, al menos
folklóricamente, comunes.
Dejo, como lo hice desde la primera carta, al buen criterio de los lectores
de “El Semanal Digital” el juicio de cómo creen que muchos vascos valoramos
los insultos directos hacia nuestros representantes designados por las urnas
(Ibarretxe “merluzo”, patético, anoréxico, “cobardica”, en un proceso de
locura tratable psiquiátricamente,… imaginen esto reiterado día a día sobre
el Presidente reelegido de cualquier otra comunidad). Reitero mi
recomendación del libro de humor “cocidito madrileño”, que incluye un
CD-ROM con las voces auténticas recogidas de ilustres locutores y sabios
contertulios. Aunque quizá falte conocer el contexto real de lo que es de
conocimiento general en Euskadi, donde las abundantes inexactitudes (que no
opiniones) que se vierten son de una incultura similar a la que supondría
que desde Bilbao un “experto en temas madrileños” señalase que “aprovechando
que pasa el Pisuerga por… Madrid, opino que...”.
Le explico, a mi -espero que- amigo Don Pedro, que a un idioma se le puede
insultar
ninguneándolo
y a sus hablantes cerrando su único periódico en euskera, pero reconozco que
quizá usted crea que hubiese sido conveniente cerrar el Atlético de Madrid,
y privar a los aficionados de su equipo, por la presunta corrupción de su
dirección.
Por último, me permitirá que defienda, conociéndola y habiéndola repasado,
la "Propuesta para la Convivencia", descrita por Batasuna como sumisión al
Estado, que ciertamente "no colma las aspiraciones abertzales del PNV" y que
no es secesionista (aunque sean defendibles igualmente los proyectos
independentistas, siempre democrática y pacíficamente, ¿o no?), y que
–aunque no esté prevista por la Constitución Española-, podría estarlo algún
día, ¿o tampoco, y nunca jamás? Termino señalando que no quiero, y no
conozco a nadie que quiera la expulsión del País Vasco de los no “abertzales"
(y espero que tampoco el encierro o la expulsión de los sí “abertzales”),
ni ninguna indemnización anual aportada por España (al respecto, en Euskadi
con nuestras Haciendas propias recuperadas todos sabemos que somos los
vascos los que pagamos al Estado por los servicios no trasferidos, sin más
cuentas extrañas de supuestas ventajas). Queda por señalar siquiera
brevemente que este “Plan Ibarretxe” está apoyado también por IU que no es
abertzale.
Respecto al doble talante que me atribuye creo que se descalifica a sí mismo
quien lo sugiere, porque algunos entendemos que se puede estar radicalmente
en contra de la violencia y reivindicar el diálogo como medio de resolución
de conflictos, o usted cree que lo que se intenta en Palestina, Irlanda, y
en todos los armisticios no vale, de ninguna forma, en Euskadi, y prefiere
otra “victoria definitiva” como la de 1936. Le aseguro, sin acritud (que
diría Felipe) que es posible ser “blandito”, e incluso buena persona y
vasco, aunque no es fácil, pero conozco a algunos, claro que hay muchos más
españoles y buenas personas, porque son más y la proporción será parecida,
¿o tampoco?
Que los lectores indiquen dónde hay más picaresca, pero muchos seguiremos
defendiendo una prensa plural, respetuosa con las opiniones divergentes,
informando a la ciudadanía de hechos, sin mezclar información y opinión, y
presentando los diferentes puntos de vista (aunque sean minoritarios y
propios de una Comunidad Autónoma), aceptando todos los resultados de las
urnas, y sin vetos ni descalificaciones de “bestia nacionalista” (¡vasca off
course!) a partidos con más de cien años de historia democrática y sin más
sangre derramada que la propia, nunca la ajena.
No entro, para no extenderme en esta respuesta, en su profundo –y
desgraciadamente extendido- desconocimiento de la realidad de las
“ikastolas” (aunque hasta la palabra es imprecisa porque el grueso de
centros escolares vascos no son ikastolas), porque requeriría un monográfico
que prometo, y espero que con conocimiento de causa, pero sólo le recuerdo
que en calidad educativa reconocida por los técnicos evaluadores españoles
(del MECD) y europeos, sólo han sido seleccionados en los dos últimos años
tres centros del Estado: Casualmente tres ikastolas de Donostia, Amorebieta
y Bilbao.
Niego decididamente que mi displicencia por determinadas opiniones rancias
(en mi modesta opinión) pretendieran igualar a terroristas con adversarios
políticos. De ninguna forma según se desprende manifiestamente de cualquier
lectura limpia de mi escrito. Finalizo coincidiendo plenamente con usted en
la absoluta reprobación y rechazo del terrorismo, y especialmente de esa
organización que evito citar para no publicitarla como ella desea. Vayan
todos mis buenos deseos para que entre los partidos políticos democráticos,
en los que la inmensa mayoría creemos, busquen y encuentren soluciones
cívicas que todos ansiamos. Reciba usted, amigo director, mi más cordial
saludo que le ruego transmita a nuestro buen amigo D. Pedro Espinosa García.
Mikel Agirregabiria Agirre |