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El sepelio por el sexenio
 De: Mikel Agirregabiria Agirre    26-10-2003

Educativos sexenios vitales

 Las etapas educativas iniciales están distribuidas por sexenios, en un diseño que por obvio quizá resulte opaco. La enseñanza obligatoria Primaria ocupa desde los 6-12 años. La previa y voluntaria Educativa Infantil puede abarcar el periodo 0-6 años. La Enseñanza Secundaria cuenta con dos tramos: el 12-16 (en la etapa de la ESO) completado por el Bachillerato (Secundaria postobligatoria) o un Ciclo Formativo Medio hasta los 18 años, edad en la que se alcanza la mayoría de edad legal. El periodo universitario, como media, se extiende desde los 18 a los 24 años. Posteriormente se trabaja hasta los 60-65 años, si bien comienzan a proponerse retrasos de la jubilación laboral. En el caso de Euskadi, la esperanza de vida está actualmente fijada en 75,4 años para los varones y de 83,0 en mujeres, éstas a la cabeza del mundo sólo superadas por Japón, mientras los varones ocupan un honroso 7º lugar. Por tanto, cabe esperar que las generaciones actuales vivan un promedio de entre 78 y 84 años.

 Nuestra vida está dividida por sexenios: nos educamos 3 sexenios (Infantil, Primaria y Secundaria, incluida la postobligatoria) hasta la mayoría de edad; los universitarios estudian un 4º sexenio; trabajamos luego 7 sexenios hasta los 60 o 66 años (los licenciados también se retiran más tarde) y como jubilados vivimos otros 3 sexenios, y las mujeres un sexenio extra. Los cálculos anteriores se basan y redondean en varias premisas: la no repetición de curso por el alumnado, la no pérdida de años en estudios luego abandonados, un diseño universitario reordenado y la determinante ausencia de paro juvenil y adulto, además de la voluntad de “trabajar fuera de casa” para el conjunto social.

 Proponemos estructuras bianuales para todos los sexenios, con tres ciclos de dos cursos. Esto significa de inicio la adaptación de la Educación Infantil, extrañamente y por razones económicas dividida por la LOGSE y la LOCE en dos ciclos 0-3 y 3-6 años. Recomendamos una reforma a tres tramos 0-2, 2-4 y 4-6, ajustándonos a la realidad social vasca donde la escolarización gratuita en centros públicos o concertados desde los 2 años es virtualmente del 100%, y donde la educación de un primer ciclo de 0-2 años crece imparablemente y ya es puntera incluso entre los países europeos más avanzados (al igual que despunta el dato universitario con casi un 28% de la población actual vasca entre 25 y 64 años con enseñanza superior). De este modo, tanto la Educación Infantil y la Primaria se compondrían ambas de 3 ciclos bianuales. La Secundaria de 2 ciclos obligatorios, y una tercera etapa de Bachillerato o de Ciclo Medio, que en la práctica es de seguimiento universal para toda la población escolar, si bien se cubre en ocasiones con repeticiones en la ESO o formándose en CIPs (Centros de Iniciación Profesional). Los Ciclos Superiores de Formación Profesional son mayoritariamente de 2 años, y la nueva estructura de estudios universitaria adoptará generalizadamente la distribución en tres ciclos bianuales para Diplomatura, Licenciatura y Doctorado.

 Dado que por fases bianuales habremos de formarnos durante toda nuestra vida, e intensivamente en los primeros 18-24 años, analicemos brevemente la primera etapa propuesta: El Ciclo Inicial de Educación Infantil (CIEI), entre el nacimiento y los dos años de edad. Su trascendencia educativa resulta innegable desde la cita del Abate Ferdinando Galiano “El niño recibe casi toda su educación en los dos primeros años de su vida” hasta el célebre libro de Robert Fulghum “Todo lo que realmente necesito aprender, lo aprendí en el parvulario”. El CIEI debe dotarse de un carácter plenamente educativo compatible con la innegable función asistencial de los primeros meses, superando la pretérita orientación que denotaba la nomenclatura de “guardería” (apelando al concepto de parking de bebés) o la improcedente denominación de “preescolar”, como si fuera imposible educar en los años decisivos de la vida de una criatura.

 Creemos que las familias deben poder elegir libremente entre alternativas que abarquen desde la escolarización temprana, con horarios y calendarios flexibles, hasta opciones de convivencia en la familia nuclear o extendida en sus múltiples variantes. Todo ello conciliando la vida laboral y familiar, y asegurando la debida atención a los hijos e hijas deseados y sin perjuicio profesional ni para las madres ni para los padres. Un óptimo CIEI asegura la debida integración y compensación social, un bilingüismo avanzado y la coeducación mediante una revisada conformación metodológica adecuada a las características de un tramo tan cambiante, con subetapas operativas organizadas por semestres de edad, y en un entorno completamente adaptado. Por múltiples motivos, pedagógicos y de seguridad, toda la organización debe pivotar sobre elementos propios, muy diferenciados de los siguientes estadios. Cada situación educativa o asistencial estará prevista con atención a las necesidades afectivas de estos primeros años de vida, a fin de que todos estos bebés escolares puedan desarrollar sus prodigiosas facultades, desde el progreso en autonomía sensorial hasta la expresión psicomotriz, todo en una atmósfera de cariño y mediante un contexto lúdico de libertad y de juego libre, pero orientado por objetivos programados educativamente.

 Defendemos a ultranza el carácter voluntario de las familias para esta incorporación extremamente temprana a la red escolar, porque que no se ha demostrado que la escolarización de modo reglado en 0-2 años suponga por el momento una mejora en la socialización primaria de los niños, ni que ofrezca ventajas en su educación ulterior respecto a condiscípulos recogidos familiarmente. Todo queda en función de las posibilidades del entorno hogareño de cariño y estímulo que rodee al niño o niña de estas edades, en las cuales sí acontece un intenso y decisivo desarrollo en todos los órdenes. Solicitamos encarecidamente a las familias que reflexionen sobre las alternativas a su disposición, y reclamamos a las administraciones educativas y laborales que faciliten opciones reales para asegurar una crianza sana de nuestros descendientes, lo que indudablemente será la mejor inversión de futuro. En todo caso, debe atenderse plenamente la demanda social emergente con una plural oferta de centros públicos y concertados, con sistemas de copago o con carácter gratuito para las familias sin recursos. Urge crear una estructura educativa remodelada para potenciar el desarrollo personal de los más pequeños y, en segundo término, para facilitar a sus progenitores la compatibilidad entre los requerimientos del mundo laboral y la satisfacción de las necesidades familiares.

 Finalicemos con un salto cronológico desde los 2 años hasta el final de nuestros días. La formación en este siglo XXI nos debe acompañar durante toda nuestra existencia, adoptando modos distintos según la etapa: primera socialización, formación inicial, profesional, aprendizaje permanente y culturización continua. Ojalá que como sociedad superemos los problemas del fracaso escolar y del injusto desempleo, para compartir toda la ciudadanía una vocación laboral y la pasión insaciable por la educación perpetua,... Declaramos que ya no sólo son vitales los sexenios educativos, sino que todos los sexenios vitales son educativos.

Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo (Bizkaia)

Artículo original. Otra versión más reducida es "Al sepelio por el sexenio". También publicado en Noticias de Salamanca (26-10-2003), Sr. Director (26-10-2003), Vistazo a la Prensa (26-10-2003), Nervión (27-10-2003), Carta-Traca Nº11 (Sección propia en Galicia Información 8-11-2003), Ávila Digital (22-11-2003), CyberEuskadi (Columna diaria, 3-12-2003), ...

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