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La
teoría de la motivación más aceptada aplicada a la política
El
psicólogo judío neoyorquino Abraham Maslow (1908-1970) desarrolló una teoría
sobre la jerarquía de la motivación conocida universalmente como la “Pirámide
de Maslow”, con cinco categorías que estratifican los deseos humanos.
Nivel 1º:
Necesidades fisiológicas o básicas. Son todas las exigencias primarias que han
de resolverse para la mera supervivencia: alimentación, vestido, vivienda,
sexo, salud, empleo, educación,… Gran parte de la Humanidad todavía se
encuentra sin superar este primer grado de condiciones vitales, tanto en el
Tercer Mundo como en la trastienda de los países avanzados (nuestro Cuarto
Mundo).
Nivel 2º:
Necesidades de seguridad y de protección frente a peligros o amenazas. Están
relacionadas con las necesidades de afianzar las posesiones del primer grado,
garantizando la protección física, el orden, la estabilidad,... El debate
político aún se dilucida en este plano, con un espectro compensatorio
delimitado por dos polos: el conservador o el igualitario.
Nivel 3º:
Necesidades de amor, estima social y sentimiento
de pertenencia. Son necesidades de pertenencia a grupos u organizaciones de
actividad social, política, deportiva o cultural, a fin de mantener el contacto
social o las amistades, siendo aceptado en los distintos círculos, dando y
recibiendo afectividad y consideración.
Nivel 4º:
Necesidades de respeto, prestigio, competencia, reconocimiento, status,
autoestima. Sirven al mantenimiento del equilibrio personal, la auto-confianza,
la autonomía, la posición social, o incluso del ego, la reputación o la fama.
Nivel 5º:
Necesidades de autorrealización y desarrollo personal que surge de llegar a
completar un sistema propio de valores de cada individuo, logrando las máximas
aspiraciones personales. Reúne todas aquellas aspiraciones íntimas de
satisfacer las más altas metas culturales, artísticas, de contribución,…
Todas las
personas sentimos estos niveles de motivación, a medida que las necesidades se
van satisfaciendo secuencial y consecutivamente. Pero estas exigencias humanas
engloban tanto los impulsos conscientes (aproximadamente una quinta de las
exigencias) como la mayor parte de las necesidades inconscientes. A este efecto
de ocultación se le denomina “el iceberg de las necesidades”.
En política
también hemos de superar la dialéctica sobre las necesidades elementales,
fisiológicas y de seguridad, para atender otras necesidades sociales más
elevadas, como las de afecto, identidad, sentimiento de pertenencia, respeto o
autorrealización individual o colectiva.

Las viejas
recetas políticas, siguiendo el esquema obsoleto del conductismo, han fracasado
como estimuladores sociales. La madurez de la ciudadanía demuestra el fracaso
de la apelación a los esquemas rudimentarios de derecha e izquierda, o el
recurso fácil a la caduca estrategia del miedo. Sólo una acción política más
contemporánea, propia de un ilusionante siglo XXI y basada en las más modernas
teorías cognitivas, será eficaz en la movilización individual y en la
canalización colectiva de los recursos humanos. Superemos la decadente
confrontación partidista para caminar conjuntamente sobre bases de solidaridad
y fraternidad, aprovechando la tendencia humana hacia la ética y la estética.
Tom Clancy, en “Deuda de Honor”, asegura: “El ser humano es una criatura de
esperanza e inventiva, y ambas cualidades desmienten la idea de que no es
posible cambiar el mundo”.
Publicado
en Carta-Traca nº 69 (Sección propia en Galicia Información
22-3-2004),
CyberEuskadi (Columna diaria,
21-3-2004),
Kaos en la Red (21-3-2004),
El Debate (IblNews, 21-3-2003, comentarios), Foro Republicano (21-3-2004),
Sr. Director (21-3-2004),
Vistazo a la Prensa (21-3-2004),
Foros EITB (21-3-2004),
Portal Miami (21-3-2004), E-Familiar (21-3-2004), Vorem (21-3-2004), Revista Pangea (22-3-2004), Revista Hasten + Cultura (23-3-2004), Ávila Digital (10-4-2004), Ecología Social (26-3-2004) PDF, Página Digital (Argentina, 27-3-2004),...
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