Mikel Agirregabiria Agirre

20 octubre 2006

El rapto recíproco

¿Seguimos enamorados o lo dejamos? Mucho se ha escrito de las separaciones matrimoniales, pero la ruptura de un noviazgo largo también suele resultar muy dura.

Las personas maduras e inteligentes, mujeres y hombres enamorados, saben que el noviazgo es una etapa destinada a conocer lo que es vivir con (y en) pareja. Es una etapa de prueba que concluye con un compromiso mayor o con la separación de los dos implicados en el proceso. Durante esta fase ambos aprenden a mutuamente conocerse mejor. Para ello, cada uno debe observar cómo responde ante un reto que exige superar el individualismo y que requiere entrega para ceder ante la otra persona en todo aquello, y será mucho, sobre lo que no opinen exactamente igual. En un amor verdadero nunca hay una persona que manda y otra que acata; son dos seres humanos que obedecen y siguen las mismas pautas que dicta una única pasión.

Hay algunas razones de peso para disolver una relación de noviazgo, si parece que no va bien. Si alguien no se separa de la persona equivocada, nunca tendrá la oportunidad de conocer a quien sí le podrá hacer feliz. Aparte de los motivos obvios (signos por ínfimos que sean de violencia, tendencia a la infidelidad,…), dos son los casos de alejamiento inmediato: Una insalvable diferencia de visión sobre el futuro a compartir; o la inmadurez de quien no sabe “lo que quiere”, porque nunca merecerá lo que tenga. Cuando no hay sintonía, la peor solución es confiar en que la otra persona cambiará: Primero, porque es más probable que le toque la lotería; segundo, porque si cambia, lo más previsible es que sea ella quien cambie de pareja; y tercero, porque cuando hay cambios del noviazgo al matrimonio, predominan los cambios… a peor.

En definitiva, si una relación no hace crecer a ambos, si no les hace mucho más dichosos, si no les hace superarse, mejorarse y quererse cada día más,… es absurdo aferrarse al dolor de un error de consecuencias crecientes. Por último, dejarlo no indica que ninguna de las personas sean inadecuadas para la vida en pareja; solamente lo son con ese partenaire. Sólo cuando una persona escoge reiteradamente parejas desacertadas, debe plantearse qué y cómo busca para dar de continuo con quienes resultan inapropiados.

También son muchas e importantes las razones para luchar por una relación, pero sólo si existe un amor mutuo capaz de superar cualquier otra dificultad desde el respeto para el encaje y la complementación. Las ventajas de amar son infinitas y nos descubren qué amor es verdadero: Sólo aquél que simplifica, alegra y estimula la vida, deshaciendo problemas y generando oportunidades. Son falsos amores los destructivos. Un genuino cariño crea, ilusiona y facilita su impagable desarrollo.

Buen indicador de estabilidad y acierto suele ser el dinamismo de un proceso de secuestro bilateral, nunca inmediato ni instantáneo, que no deja resquicios a la duda sobre el acierto. Las palabras “Te quiero” surgen con certidumbre de los labios de una pareja con la que comprometerse de por vida. Al principio con timidez; luego cada día, cada encuentro, cada mañana, cada tarde, cada noche,…

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Mikel Agirregabiria Agirre
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