Escritos educativos EL MUNDO
OPINION
Viernes, 10 de abril de 1998
TRIBUNA LIBRE
PARA conmemorar el Desastre del 98 la Reforma
Educativa ha hecho maravillas. Ya se ha logrado que
los alumnos de lo que antes se consideraban buenos
institutos ignoren la fecha del descubrimiento de
América y el orden de llegada a la Península de
germanos, árabes, romanos y celtíberos. También
desconocen quiénes fueron Adán o Lázaro y describen
el cuadro de una madona como «mujer con un chico».
La explicación de una rima de Bécquer («Gustabo»)
les parece tarea insuperable, y la sugerencia de la
lectura de un libro entero, un atropello. Su
analfabetismo funcional les impide comprender lo que
leen y expresar sus ideas, y se complementa con otro
analfabetismo, el cultural, quizá más peligroso, que les
ha arrancado de todas las fuentes (mitología, Biblia,
fábulas, folclor) de la expresión plástica y literaria
occidental y les incapacita para descifrar la iconografía
y simbolismo más obvios. La última tribu amazónica
goza de más defensores de sus raíces culturales que
estos españolitos privados de las suyas.
Los alumnos a los que nos referimos sólo son niños de
Primaria por decreto. Tienen 15 o 16 años y estudian
4º de la ESO; su edad les capacita perfectamente para
la comprensión y el manejo de abstractos, la expresión
escrita y un razonable conocimiento de su acervo
cultural que debería haberse ido adquiriendo en años
precedentes.
No se han entontecido por misteriosa degeneración
neuronal; son el producto lógico de la LOGSE, de una
reforma nociva que requiere grandes medios contra
sus grandes males. Los adolescentes actuales están
condenados a la infancia prolongada de la ESO, pasan
por inercia e imposición legal, según el eufemismo
«promoción», de la Primaria a la Secundaria y de un
curso a otro porque el suspenso por ignorancia de
materias concretas y la expulsión están en la práctica
proscritos. Al profesor sólo le cabe firmar falsos títulos
de conocimientos inexistentes, esperar que no le
agredan o denuncien, halagar a los padres
ofreciéndoles -tres por el precio de uno- servicios de
canguro, vigilante jurado y bedel, y no atraer la funesta
atención de los tecnócratas del MEC, responsables
insolidarios de su miseria cuyo horizonte es un curso
próximo siempre peor que el anterior. Los libros de
texto son un zurcido de observaciones inconexas al
dictado de la farragosa y contradictoria normativa de la
reforma, abundan en cromos, ramplonería y jerga en un
afán patético de ofrecer fast food pedagógica, y se
completan con el catecismo políticamente correcto de
la educación en valores que, como si hasta la aparición
de la LOGSE el profesorado se hubiese dedicado a
incitar al asesinato, marca, en recuadros dignos del
Ripalda, las actitudes e ideas loables.
La moda educativa favorece en el alumno la visión
propia del animal y la camada: su grupo, su entorno
inmediato, su percepción física. El alcantarillado del
barrio desbanca al Amazonas, los levantinos borran de
la historia de la literatura el Cantar de Mío Cid por
tratarse de un castellano invasor, la Historia comienza
con mi abuelo, la poesía no se come, en clase no me
divierto, el silencio me deprime, pensar es solitario y
me frustra. A la inmensa mayoría se le dará el diploma
de Secundaria aunque haya que aparcarlos hasta los
18 años en las aulas «de diferenciación» o «de
ámbito», que recogen a los que, incluso en estos
saldos educativos, rechazan la apariencia de un
mínimo interés por el estudio. Se va así formando un
tapón de ignorancia, apatía y falta de salidas que
pasará, sin vocación alguna, a la abarrotada y
desvirtuada universidad.
Como contrapartida, los que sí querrían estudiar, y
especialmente los de familias modestas cuyo único
proveedor cultural es el instituto, son mantenidos muy
por debajo de su edad, labor y posibilidades por la
tiranía del mínimo común denominador, que impide
toda veleidad de esfuerzo intelectual. A igual nivel de
ingresos, los padres que antes hubieran mandado sus
hijos a centros públicos ahora huirán de ellos y se
sacrificarán para llevarles a los privados, con la
esperanza de cierta garantía de ambiente pedagógico,
exigencia y selección vocacional. Irónicamente, al
PSOE hay que atribuir la ruina de la Enseñanza Media
estatal buena, democrática y gratuita, así como el
ataque al Decreto de la Enseñanza de Humanidades.
Sin duda por aquello de que las personas inteligentes
siempre son de izquierdas.
La sociedad no comprende qué interés pueden tener
los legisladores en educar mal, se inhibe de lo que le
parecen reyertas de especialistas, duda de la teoría del
complot para embrutecer al pueblo (con razón; el
panorama no da para maquiavelos).
La explicación es mucho más simple: la LOGSE fue
producto de un populismo de apariencia sin inversión y
de una política de compra de clientelas electorales a la
que se superpuso una confusa fachada de justificación
ideológica cuyos tópicos igualitarios son un blindaje
contra la crítica y el reconocimiento de la valía
individual, académica y profesional. Los sindicatos
CCOO y UGT lograron algo encomiable: elevar el nivel
económico y la consideración social del Cuerpo de
Maestros, reparando así una larga injusticia. Pero lo
hicieron atropellando a su vez injustamente a los
catedráticos y agregados, víctimas absolutas del
«todos iguales enseñando a todos de todo» y de la
minimización del bachillerato. Sus puestos, ganados en
la Enseñanza Media con carreras largas y
especializadas y ardua oposición, fueron ofrecidos a
una clientela sindical de docentes de Primaria cuyas
aulas diezmaba además el descenso demográfico. Se
entró a saco en el BOE disminuyendo en los baremos
los méritos académicos y promocionando las
fidelidades a la reforma, a su política y a sus
comisarios gratificados con puestos directivos y
burocráticos. Agregados y catedráticos quedaron
amordazados por el temor a ser tratados de elitistas si
denunciaban claramente la causa de su situación. Con
esta maniobra se escamoteó el dinero y la sustancia
de la reforma educativa auténtica, se compraron votos
y premiaron fidelidades, se arruinó la Enseñanza
Media y se potenció espectacularmente la enseñanza
privada.
La identificación de la defensa de la LOGSE con la de
la extensión de la Enseñanza obligatoria y gratuita
hasta los 16 años es pura falacia, porque esa medida
era un imperativo de educación de la CEE inexcusable
para cualquier gobierno democrático español. La
reforma se hizo sin destinar financiación específica, sin
reducir el número de alumnos por aula, sin crear
buenos centros politécnicos ni potenciar al personal
especializado. Muy al contrario, la Enseñanza Media se
redujo a dos años en un apéndice de la Primaria que
sólo tiene de bachillerato el nombre. Resultado:
aparcamiento, años perdidos y al final diplomas para
todos y salidas reales para muy pocos. La ESO ha
inventado al efecto una jerga de ejemplar estupidez:
«Segmentos de ocio», «materias transversales»,
«transición a la vida activa», y demás muestras del
florido pensil curricular.
Nuestros vecinos de Europa hace tiempo que
descubrieron el fracaso de la infantilización
generalizada y optan por la educación por niveles, los
controles y exámenes de paso, la importancia de las
materias básicas, la creación de centros politécnicos
que ofrezcan formación profesional seria en
instalaciones bien dotadas y que sean una alternativa
viable, el respeto a la especialización docente en
materias y cursos, la limitación estricta del número de
alumnos por aula. En Francia se aprobó recientemente
la incorporación a los institutos de personal auxiliar que
se encargue de las tareas de vigilancia, supervisión y
mantenimiento del orden. Inglaterra ofrece centros
politécnicos de prestigio y facilita, con una normativa
pragmática y flexible, sistemas-puente para el paso
posterior a otros estudios. La Enseñanza es, además,
un terreno que se presta al reparto de trabajo si se
recupera, en términos aceptables, la opción de la
dedicación parcial y se considera el derecho -potencial
pero nunca puesto al alcance de los profesores de
Enseñanza Secundaria, como sí es el caso en otros
países- del año sabático y de un sistema de licencias
racional y flexible.
El Gobierno se refugia hoy en su imposibilidad de
contar en las Cortes con los votos necesarios para
cambiar leyes. Sin embargo, la LOGSE es un desastre
tal que admite pocas componendas. Por supuesto, la
escolaridad gratuita y obligatoria hasta los 16 años
debe continuar en una reforma educativa futura. De la
actual, lo mejor que puede esperarse es su
desaparición. Pero se trataría de una decisión
realmente política; no del regateo de una almoneda de
clanes a los que repugna la idea misma de valores
superiores a sus intereses inmediatos.
Mercedes Rosúa es profesora de Educación
Secundaria.
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